Natillera: la sagrada ceremonia del ahorro

jueves, 24 de abril de 2008

Nervios de acero y organización a toda prueba, para quienes administran. Para muchos es la única opción de recibir una

platica para el fin de año. Una práctica con miles de asociados muy popular en Medellín.

Por

Laura Victoria Botero Berrío

La natillera, como la natilla, se saborea en diciembre. Ese es el mes de bolsillos gordos y satisfacer antojos. Las

primeras semanas del último mes son de puro goce para los que reciben el fruto de su constancia durante el año.

Son, también, días de respiro para quienes con organización y disciplina, se dedicaron a administrar el ahorro de los

afiliados a ese fondo común que en Antioquia denominamos natillera.

Ellos respiran porque, temporalmente, se acaba la tensión de velar porque el ahorro de un puñado de amigos, familiares

o conocidos, tenga rentabilidad.

Las natilleras, que según un estudio de la Fundación Universitaria Luis Amigó, surgieron durante los años veinte en el

Valle de Aburrá, tienen un ritual conocido para muchos: Cada afiliado realiza su aporte según la frecuencia

establecida, semanal o quincenalmente. Hay quienes ahorran desde cinco mil, hasta 150 mil pesos quincenales.

La rentabilidad depende de la cantidad de ingresos adicionales que se reciban y el afiliado elige de cuánto hacer su

aporte. Estos ingresos se obtienen por intereses al dinero que se ha prestado, o por actividades adicionales, que

pueden ser desde rifas, bazares y bingos, hasta la venta de obleas y empanadas.

"Lo duro es cobrar", dice Jaime García, administrador de una natillera que tiene 40 asociados y existe hace 15 años.

La parte maluca

Para este experto, la tarea se hace ingrata durante un par de meses cada año, cuando su responsabilidad es recoger

los recursos de los asociados que en el año han estado generando intereses por préstamos.

Jaime García, quien se desempeña como coordinador de servicios en una estación de gasolina en El Poblado, empezó su

natillera con un grupo pequeño, de tres amigos. Unos le contaron a otros y ellos a otros hasta que el grupo superó los 40

ahorradores.

Los juegos adicionales

Desde hace varios años los miembros de la natillera de García decidieron que las actividades adicionales no iban a

hacer parte de su natillera. "Como soy testigo de Jehová, no puedo participar en actividades de azar. Decidimos que la

manera de obtener rentabilidad es con los intereses de los préstamos, que son de cinco por ciento mensual", dice.

Y ese interés no le duele a Carmen Rosa Ortiz, quien asegura que gracias a la natillera ha podido salir de muchos

aprietos económicos, además de gozar de unos pesos adicionales en diciembre.

"Para muchos de nosotros la alternativa de ahorrar en fondos particulares o en bancos no es interesante. Es más

complicado, cuesta más, si uno se atrasa lo reportan", dice Carmen Rosa.

Para ella, trabajadora independiente que vende ropa y productos de belleza, esta alternativa es más que ventajosa.

"Asumo la plata de la natillera como una prima que me gano en diciembre. Y eso es una bendición".

Merlyn Álvarez administra una natillera de amigos en el barrio Doce de Octubre. Coincide con que la tarea de cobrar es

compleja y dispendiosa, pero asegura que como los préstamos se hacen con fiador, es más fácil controlar el pago y

asegurar que alguien responde. "Por eso no prestamos más de lo que el afiliado puede ahorrar al año".

Merlyn administra natilleras porque en su familia la práctica es habitual. Su esposo tiene una natillera grande en el

trabajo, su cuñada maneja otra.

Ella, que alterna la tarea con su trabajo en una peluquería, dice que las actividades adicionales no son una opción. "Es

demasiado trabajo y dejan poca ganancia". También ha notado que el ahorro asociativo en esta modalidad es más

frecuente en los estratos medios y bajos, pero sabe que hay grupos de gente con ingresos de varios millones.

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Otro caso es el de la natillera de una empresa de diseño editorial, basada en el exclusivo sector de la Milla de Oro. Los

asociados son profesionales, en su mayoría chicas jóvenes para las que el mayor encanto reside en las actividades.

"Hacemos bazares y subastas, uno trae libros, música o ropa y la dona, luego se rematan. Lo que se gane es para la

natillera. También hacemos algos o desayunos semanales. Un asociado se hace cargo de comprar las cosas y cada

uno debe pagar por el algo. La ganancia va toda a la natillera". explica una de las participantes que pidió reserva de su

nombre.

Así es el ritual semanal, o quincenal de arañarle unos pesos al presupuesto. Las ganas de natilla se aguantan hasta

diciembre.

Una historia con décadas de éxito

Las natilleras nacieron con el florecimiento industrial del Valle de Aburrá. En esa época, los grupos de trabajadores de

cada fábrica creaban fondos comunes mediante los cuales se anticipaban a gastos imprevistos. Poco a poco, esos

fondos empezaron a llamarse natilleras porque servían para la natilla, los buñuelos o gastos de diciembre.

Pasadas las décadas, las natilleras familiares ampliaron su espectro para convertirse en un programa de ahorro del

vecindario con sumas considerables de ahorro y capitalización. Los analistas aseguran que la natillera es el primer paso

para la creación de una cooperativa.

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